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NAMIBIA

Hoy, vuelvo a tener ante mis ojos el mapa de Namibia, ese joven País que nació cuando yo ya era un adulto. Es otra imagen de África, muy distinta a la que tenemos todos en la cabeza.

Swakopmund, Wallis Bay, Etosha

En este pedazo inmenso de tierra a orillas del Atlántico puedes pasar un día en tierras “bávaras” comiendo una salchicha Bratwurst regada por una cerveza de litro, en Swakopmund, otro en Walbys Bay navegando entre ballenas y delfines o haciendo kayak entre lobos marinos, aquí se encuentran en casa, gracias a la corriente antártica el agua está que corta!!!…, por supuesto puedes subir a Etosha, y te vas a encontrar un paisaje más propio de lo que esperabas, bosquetes de acacias y mopanes con todos los mamíferos que corresponden a estas latitudes, leones, elefantes, búfalos, jirafas, cebras, ñus, gacelas impalas, rinos y lo que quieras… pero en torno a los acuíferos que aparecen aquí y allá para dar de beber a toda esta pandilla, esos sí ordenadamente, porque aunque te parezca broma, se guardan el turno como si cogieran su numerito en el mercado pero sin preguntar, ¿el último?, son una gente muy cívica.

Y entonces… Sossusvlei

Pero mis ojos se paran como por encantamiento en una zona que me retrotrae a aquel día en que Ana me dijera, “Kik, se dice Sossulvlei” mientras conducíamos nuestro Toyota por aquella inmensa recta de tierra prensada en dirección Suroeste desde Windhoeck. Muchos kilómetros de mundo árido africado de belleza inconmensurable. “Gira por aquí Kik”, la verdad es que no hay muchas opciones, las pistas bien hechas que llevan de un lado para otro no dejan lugar a dudas, y llegamos al campo de las dunas más altas del mundo, está amaneciendo. He tenido la fortuna de cruzar muchos desiertos en todo el planeta, el Sahara, Wady Rum, el Negeb, Sonora, El Taklamakán… pero que me aspen si podía imaginar esta sobrada, son dunas rojas, con una composición de limaduras de hierro altísima que se oxida en su retiro hacia el Este y provocan este color rojo virando a ocre, morado, azul a veces… un disparate.
Son casi paredes, no es una inclinación razonable para esta altura, su cara de avance es casi vertical, está cuajada de brotes verdes que le dan un aspecto rejuvenecedor, ¿te imaginas en las paredes rojas de arena, colonias vegetales en ese equilibrio imposible? Pue así es todo aquí… hay un escarabajo en el borde de la duna, se queda quietecito y aprovecha la brisa marina para ir colectando agua entre sus patas, hasta que está sobre una enorme gota que por supuesto es sus ración de hoy. Aquí todos se han adaptado divinamente, desde estos, los oipukas, hasta aquellas cebras que diviso en el horizonte con tanta dificultad… ¡son marrones!, con rayas negras… pero marrones en lugar de blancas! “Endémicas de estas duras tierras”, me dice Ana…, pasando por los humanos que aquí, son lo que conocemos como bosquimanos… ¿hombres de los bosques? ¿seguro? Ja ja ja en fin, son unos de los últimos reductos de lo que fuimos todos, cazadores recolectores que desafían el paso del tiempo, con tanta capacidad como aparente fragilidad…
Ana ¿y los Himbas? no llegan tan al Sur ¿no?, “No Kik, los Himbas vienen de la frontera con Angola en el Norte, este mundo es para gente menuda adaptada a la caza y la recolección, los Himbas son ganaderos!!!!”
Y seguimos subiendo aquella duna de 300 metros en vertical para pasar al otro lado y encontrar la imagen que andábamos buscando. En el centro de este circo gigante de arena, fruto del diseño de un artista descomunal, ha quedado un suelo blanco, blanco de verdad, costra salina, y en el medio, distribuidos poéticamente, los esqueletos calcinados, negros, recuerdo de un día en el que fueron bosque devorado por las dunas inexorables. Me supera, voy a sentarme, demasiado hermoso para digerirlo en un solo bocado.

El recuerdo del síndrome de Stendhal que sufrí en Deadvlei me devuelve a mi momento mapa. Hoy, preparando mi próximo viaje, dibujo mi vuelta a Namibia, donde recorreré, esta vez sí en territorio Himba, desde las Cataratas Epupa recorriendo hacia el Este todo el brazo de Capribi, acompañando en un tramo al Rio Okavango, que sigue hacia el Sur para liarla parda en Botswana, hasta salirme del Mapa por Zambia y Zimbabwe, ya en casa de Mosi-oa-Tunya, las Cataratas Victoria.
Si te animas ya sabes dónde ando.
Buen viento Navegante!

¿Quieres disfrutar de un viaje a Namibia auténtico y original?

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