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Mis amigos me encuadran este país en el mapa histórico mientras yo disfruto de unos pasteles que me transportan.. ¡qué delicia! Así es cada vez que vengo, vivir y aprender sin prisa…

El actual territorio de Marruecos ha estado poblado desde tiempos de la prehistoria. Muchos teóricos creen que la lengua bereber apareció al mismo tiempo que la agricultura, y fue adoptada por la población con la misma facilidad con que fueron aceptados los nómadas que la trajeron. Más tarde, dada su ubicación estratégica en el Mediterráneo, fue lugar de constantes intercambios culturales con romanos, visigodos y bizantinos.

A día de hoy, puede decirse que la población marroquí es el resultado de un intercambio genético múltiple (bereberes, árabes, fenicios, cartagineses, romanos, sefardíes, judíos, subsaharianos…) y que hay huellas genético lingüísticas de todos y para todos.

Toda esa amalgama comienza a aglutinarse en torno a una sociedad más homogénea con la llegada del Islam en el siglo VII, aunque tuvieron que pasar todavía diez siglos para que Marruecos alcanzara la solidez y estabilidad de un verdadero reino (la dinastía alauí consiguió unificar bajo su poder a un país hasta entonces dividido en 1666). Y aún pasarían tres siglos más para que, alcanzara la independencia en 1956.

A la unificación y estabilidad conseguidas por la dinastía alauí debe Marruecos la mayor parte de su patrimonio monumental, reunido durante siglos en las cuatro ciudades imperiales: Fez, Mequinez, Marrakech y Rabat.

Marrakech

En Marrakech destacan la Mezquita y madrassa Ben Youssef, en medio de los zocos que se extienden al norte de la legendaria Plaza de Jamaa el Fnaa.

Imposible no haber oído hablar de ella, no conocerla, incluso sin haber visitado Marruecos. Más que el corazón de una ciudad, es el auténtico corazón del país, pues en su amplísimo perímetro se concentra todo el exotismo y la magia de este reino deslumbrante.

Es un lugar de encuentro para los habitantes de la ciudad, pero también para los forasteros, que durante todo el día, y hasta bien entrada la noche, pueden comprar frutas, degustar manjares tradicionales y extasiarse ante el teatro urbano que reúne a sacamuelas, curanderos, adivinos, predicadores, tatuadores, aguadores, etc.

También puede verse y oírse a narradores, poetas y músicos bereberes, a bailarines gnawis, a encantadores de serpientes o jugadores de senthir (hachhuch). Un espectáculo único en el mundo y absolutamente imprescindible.

También en Marrakech encontramos la Mezquita Kutubia, rodeada por magníficos rosales en el interior de la Medina; el Palacio Dar el Bacha (Palacio del Patrón); el palacio Badi, Palacio de lo incomparable, el Palacio de la Bahía, cuyos interiores están ricamente decorados con mosaicos y madera de cedro tallada, y las Tumbas Saadíes, junto al muro meridional de la mezquita Kasbah, al lado del Palacio Real.

Fez

En Fez, la capital cultural del país, encontramos una magnífica medina amurallada con arquitectura mariní medieval, animados zocos y un ambiente del mundo antiguo trasladado al presente.

En la relajada, tranquila y superamable Meknes, encontramos zocos más modernos y mejor surtidos, además de la Plaza el-Hedim, el centro de la vida pública y cultural de la ciudad, la Puerta Bab el-Mansour, y el Museo Dar Kamaï, uno de los más interesantes de Marruecos.

Rabat

En cuanto a Rabat, no podemos perdernos la Torre Hassan, el Mausoleo de Mohamed V, la kahsba o la medina de la ciudad.

Más allá del recorrido monumental, merece la pena explorar los elegantes barrios residenciales de esta moderna ciudad a orillas del Atlántico, capital del estado y núcleo del quehacer político-diplomático del país.

Volubilis

Mención aparte merecen Volubilis, la antigua ciudad romana con los restos arqueológicos mejor conservados y más visitados de Marruecos y Ouarzazate, la puerta del desierto.

Zonas marítimas. Agadir, El Jadida, Essaouira, …

En cuanto a las zonas marítimas, ha salido ganando la costa occidental-atlántica, con -por un lado- Agadir, un balneario vacacional con una vida cultural intensa y muy interesante, El Jadida y, especialmente Essaouira, como reclamos turístico-costeros de primer orden.

También sobre el Atlántico encontramos un par de ciudades fundamentales en el mapa y el presente marroquíes. Una es Rabat, y la otra una metrópolis financiera, industrial, comercial y portuaria llamada Casablanca. Seguro que nos suena. Con seis millones de habitantes, un desorden urbanístico que da miedo y un tráfico infernal, resulta difícil hablar de sus encantos, pero los tiene. Y muchos. Es una ciudad de enormes contrastes, laboriosa y religiosa de día  y muy ligera de cascos por la noche..

¿Quieres disfrutar de un viaje a Marruecos auténtico y original?