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La antigua fortaleza almorávide, intercambiador de expediciones caravaneras y faro de la cultura islámica tras la conquista almohade, es hoy la verdadera zona internacional del país (con una comunidad de expatriados muy numerosa y en continuo crecimiento), y sin duda su más importante meca turística. En realidad Marrakech es uno de los más importantes destinos turísticos de Africa.

También aquí llegaron aquellos primeros sibaritas de entreguerras (casualmente millonarios), durante lo que Europa y el mundo llamaron “la Belle Epoque”, es decir, los años veinte y treinta. Y detrás de los millonarios, ya se sabe: artistas, intelectuales, golfos y golfas de oficios poco recomendables… Puesto que, una vez independizado Marruecos, los conflictos y crisis europeas no pasaron factura en estas latitudes tan lejanas, la juerga continuó durante los efervescentes años sesenta y, de refilón, las extravagancias, las fiestas y los excesos psicodélicos del personal animaron a otro grupo de población, bastante más serio y trabajador, a ensanchar, modernizar y embellecer Marrakech más allá de sus apretadas murallas.

Del fenómeno especulador-constructor y en general emprendedor, nacieron sus espectaculares barrios residenciales, surcados por grandes avenidas de naranjos y olivos, los impresionantes resorts, las boutiques con marcas internacionales, las mansiones de diseño (los arquitectos encontraron su dorado particular en la expansión urbanística de la ciudad) y los glamurosos lugares de ocio que llenan de luz y de música sus cálidas noches.

No tardó en nacer el mito internacional del Marrakech exótico y lujoso y ese mito será el que arrastre hacia la ciudad, a partir de los años ochenta, a sucesivas generaciones de extranjeros ricos, o por lo menos adinerados, y sobre todo a viajeros modernos, cultivados y exigentes. Pronto, las noches de Marrakech dan la vuelta al mundo sobre las páginas de Vogue, Paris Match o Vanity Fair.

Un poco más tarde, en los noventa, la voracidad empresarial atravesará las viejas murallas de la medina. Los clientes más exquisitos quieren trasladarse a vivir allí y recuperar antiguos edificios en plena decadencia. Esos antiguos palacetes o mansiones se convierten en riads (palacio, en árabe) y los riads en hoteles de lujo, pequeñas joyas decoradas y amuebladas con materiales y criterios autóctonos, pero tocadas por las visión ecléctica y vanguardista de sus propietarios.

El tirón de Marrakech y su proyección internacional como destino turístico de lujo resultan ya imparables.

Por supuesto yo te animo a conocer esta ciudad, que no te dejará indiferente, pero espero que esto que te cuento te ayude a conocerla un poquito más.

¿Quieres disfrutar de un viaje a Marruecos auténtico y original?