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Siempre digo que…

Costa Rica es territorio de selvas, volcanes y costas, si esta mezcla es de tu interés, ¡no hay mejor opción!

Con Javier, nuestro amigo y corresponsal, viví uno de los momentos de mayor intensidad para los sentidos que un viajero puede registrar en su haber.

Era por la tarde, anocheciendo, y habíamos estado recorriendo la selva, viendo Orquídeas de ensueño, un paraíso.

Mientras iba desapareciendo la luz, Javier me insistió en que conociera a Doña María, la dueña de una casona con sus propias aguas termales al pie del Volcán Arenal.

Era una mujer muy mayor que enseguida nos invitó a sentarnos en su porche, y empezamos a comentar nuestros puntos de vista sobre viajes y viajeros. Nos contó su proyecto de convertir su casa en un lugar donde acogerlos y darles comida local bien hecha, con cariño, ¡mimarlos!

Me decía: “mire Kik, este es un lugar máhico, aquí, pues estamos protehidos por el volcán, que nos lo da todo, tierras fértiles para tener la huertica… Recohe las lluvias para que no nos falte el aua, nos da los pastos para los animales… Y, pues nosotros tenemos que ser mimosos con la tierra y con la hente que venga”.

La sensibilidad es fundamental para vivir cada instante mágico

Doña María con su sensibilidad y sus noventa años bien llevados,  acababa de definir el Turismo Sostenible, nada nuevo para estas gentes.

Y siguió contándome cómo soñaba con su casa de huéspedes que ya estaba haciendo… y de pronto, un sonido estremecedor, monumental: dos aspiraciones y una larga exhalación pero de gigante… ¡el volcán estaba respirando!, nunca había oído nada parecido, ni en esas magnitudes. El pecho me vibraba como si estuviera temblando el planeta entero, ¡qué es esto! Nunca había oído hablar de la respiración de los volcanes.

Entonces, viendo mi cara, Doña María sonriente me dijo: “venga Kik, sígame…, métase en el auica caliente”.  Me metí hasta el pecho a cincuenta grados de temperatura en aquellas pozas negras, apenas iluminadas con unos farolitos de petróleo, me dijo “mire mire” y tras de mí un río de lava naranja caía desde la cumbre de aquel Montañón y recorría toda su ladera hasta perderse en las faldas, miles de rocas incandescentes caían con un sonido difícil de describir.

Observaba atónito el concierto cuando empezó a llover, de forma que, en plena noche, tenía medio cuerpo metido en el agua caliente y el otro medio recibiendo la ducha fresca de aquella lluvia tropical, mientras no podía apartar la vista del río naranja, sin entender tal aluvión de sensaciones… Y apareció aquella mujer maravillosa con una cerveza helada, y dijo. “¡ahora sí mihihito!”

Doña María, Javier, os quiero.

¿Quieres disfrutar de un viaje a Costa Rica, auténtico y original?