Skip to main content
search
0

En ocasiones oigo el término Indochina para denominar al territorio que compone el Sudeste Asiático, pero en realidad este término solo describe las excolonias francesas y no es un vocablo que traiga buenos recuerdos a aquellas buenas gentes… así que permitidme que hable del Sudeste Asiático y sus posibles rutas, aunque Indochina suene más sugerente.

Me pedía Ana que escribiera para aquellos viajeros que se están planteando ir hacia esos lares, y siempre pienso si les ocurrirá lo mismo a los chinos cuando entre ellos se digan, “escribe algo sobre Europa para los que se animen en sus vacaciones” ja ja ja, pues eso, que os hablo de Madrid, Moscú, Londres y Teruel y de ahí ya sacas una ideilla… ja ja ja

Pero me lo pide Ana, así que vamos allá.

En tu ruta por el Sudeste Asiático pasarás del caos de las ciudades a montañas de selvas densas y lluviosas… y esas gentes

Decidirse por hacer una ruta por el Sudeste Asiático es decidirse por muchas cosas, lo primero que me viene a la cabeza, además del tráfico denso y caótico en las ciudades, o el bullicio húmedo y pegajoso de los trópicos, es la enorme amabilidad de esa gente. No sé si es porque el marchamo religioso predominante, el Budismo, es una filosofía que aviene a la benevolencia, la calma mental y el desapego como primera medida… Lo cierto es que aquellas personas que no han tenido un pasado nada fácil, hoy se muestran frente a su humildad, cercanos, amigables, hospitalarios… y lo que es más interesante, ¡propicios!

Recuerdo en los túneles de Cuchi, un intrincado laberinto de túneles minúsculos excavados para la supervivencia de más de dos mil criaturas  a las que les cayeron la friolera de ochenta millones de Toneladas de bombas, y no es una exageración, conocí a un ex vietcong al que le faltaba una pierna por una de aquellas, y me puse a charlar con él. Le pregunté qué le parecía que los americanos andaran por allí haciendo turismo. Muy sereno, me dijo,” ellos saben que lo hicieron mal, y hay que pasar página amigo”. Y no perdió ni su sonrisa afable, ni su mirada cálida al decirlo. Una lección.

Pero además de “esta” gente, al lo largo de tu itinerario por el Sudeste Asiático, te vas a encontrar paisajes maravillosamente antropizados, montañas de selvas densas y lluviosas transformadas en terrazas y arrozales, donde se afanan ellas dobladas a 45 grados plantando simiente a simiente metidas por encima de las rodillas en agua marrón. Eso sí, con camisas de colores sin una mancha y un gorro de paja ancho a la manera tradicional asiática, mientras ellos gobiernan un búfalo de agua que les supera en 800kg de peso y que se obstina en trazar surcos con un arado tosco, en el fondo embarrado para poder seguir generando cosechas.

Podréis seguir el Mekong en su sereno fluir hasta el Mar

Os encontraréis al Mekong, ese río que nace en el Tibet, y recorre Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y desemboca en un homenaje a la supervivencia flotante en Vietnam. Donde es fácil entre los meandros del Delta ver como una casa- barco, cargado de sacos de género, está repostando del surtidor-barco para dirigirse al mercado de abastos… flotante, ¡claro!

Pero este mismo que la lía parda en el Delta, es el que es navegable también más arriba, entre Tailandia y Laos. Y se arremolina haciendo curvas entre el verde intenso, donde los niños juegan en el agua mientras los adultos bañan a sus elefantes después de una dura jornada de trabajo en la construcción.

El Sudeste Asiático también es un espacio de asiáticos modernos, donde los ejecutivos de grandes compañías al terminar su jornada de trabajo en el corazón económico de Bangkok cogen un tuctuc que les lleva al Río Chao Phraya, que es la auténtica arteria que alimenta toda la ciudad, y allí suben entre rascacielos a una embarcación de la que sale un tubo larguísimo terminado en una hélice, que conectado al motor de un coche y con un ruido estremecedor los lleva hasta casa, en un  canal secundario donde aún perviven las antiguas moradas de lo que fue un día Siam. Eso sí, con una especie de buzón a la entrada con forma de casita minúscula donde continúan viviendo sus venerables antepasados.

Es el hogar de este ejecutivo de traje, con mascarilla de cirujano en la cara, pero también de otras más de cuarenta y cinco minorías étnicas que aún resisten el paso del tiempo y la llegada de nuevas mecánicas de funcionamiento. Desde la primera vez que estuve aquí, lo único que ha cambiado radicalmente es que antes me movía en un coche 4×4 del ejército soviético herencia de tiempos de guerra, y hoy te mueves con los actuales Toyota Corola que se encuentran  por todas partes.

Ellos impertérritos y con sus ropas tradicionales, siguen haciendo las cosas… como siempre.

Y descubrirás que tienen el corazón azafrán

Es espacio de templos, de estupas doradas. Como en Bagán, donde hay más de tres mil, naciendo entre las brumas de la mañana cada día. De Budas Gigantes, algunos sedentes, viéndose venir los Siglos que les contemplarían decidieron esperar tumbados. Y todos quieren tener al más alto, al más largo, al más… ¡dorado! En todo Myanmar la gran afición de sus moradores es comprar una pepita de oro, en cuanto han ahorrado lo suficiente, y llevársela al herrero que con una prensa indescriptible, y muchos golpes, la convierten en pan de oro para ir i pegársela a su Buda preferido. Ya hay muchos Budas gigantes de manos ciclópeas que no tienen dedos porque a base de pegarles papelitos de oro los han convertido en muñones macizos…

Es lugar de túnicas azafrán, mostaza, corinto… Y de sonrisas ingenuas, muchísima gente en esos territorios decide pasar un tiempo como monje o monja, y echarse a la calle a vivir de lo que te den los demás, a sentir lo que es no tener nada y vivir de la caridad de otros. Es una costumbre muy arraigada. Deambulan por ahí con su cuenco vacío en espera de que se lo llenen… ¡de arroz!

A veces las ruinas son tan impresionantes que conforman ciudades perdidas entre la foresta, restos de construcciones magníficas hoy devoradas por las raíces de las ceibas como en Angkor en Camboya

Si te animas, llámame, y te cuento cómo en el Sudeste de Asia, se encuentra uno siempre, como en casa.

Buen viento navegante

¿Quieres disfrutar de un viaje al sudeste asiático, auténtico y original?

Selecciona tus destinos favoritos para viajar ...