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Pocas ciudades en el mundo tienen un nombre tan rotundamente seductor, Casablanca, un nombre que nos invita, por sí solo, a cruzar el Estrecho y adentrarnos en su atractivo presente y, muy especialmente, en los convulsos sucesos de su pasado, tan maravillosamente tratados por el cine.

Poco se sabe, a pesar de la resonancia inmensa que la película regaló a la ciudad, del importante papel que esta jugó durante la Segunda Guerra Mundial. Entre el 14 y el 24 de enero de 1943, y siendo todavía Marruecos un protectorado francés, Casablanca organizó la llamada “Conferencia de Anfá” que, aunque formalmente se llamó la Conferencia de Casablanca, adoptó para la historia el nombre del hotel donde se reunieron los asistentes.

Atentos al nivelón: tras el exitoso desembarco de los Aliados en el norte de África, en noviembre de 1942 (la conocida como ‘Operación Torch’), el presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt; el primer ministro británico, Winston Churchill, y los generales franceses Charles de Gaulle y Henri Giraud se reunieron entre el 14 y el 24 de enero de 1943 en Casablanca para decidir la estrategia aliada inmediata de los Aliados. No pudo asistir el líder de la antigua U.R.S.S., José Stalin (también invitado) ya que la Batalla de Stalingrado le tenía demasiado entretenido y no podía abandonar su país.

La declaración de la conferencia de Casablanca expresaba que debía buscarse la rendición sin condiciones por parte de las potencias del Eje, y también se acordó ayudar a la Unión Soviética, llevar a cabo la invasión de Sicilia e Italia y reconocer el liderazgo de manera conjunta de la Francia Libre por parte de De Gaulle y Giraud.

El hotel Anfá albergó las sesiones oficiales, pero las villas donde se instalaron Churchill y Roosevelt también acogieron las fiestas, almuerzos y reuniones informales.

Churchill se alojó en un edificio colonial llamado Villa Mirador, que sigue en pie y es actualmente la residencia del cónsul de EEUU en Casablanca. La habitación que empleó como despacho el gobernante británico se conserva todavía intacta, aunque habrá que dejarla para otra ocasión.

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